Marrakech

/ mayo 12, 2018/ Marrakech blog

La puerta del sur abre su esplendor en Marrakech. Desborda su luz, el rojo ardiente de sus edificios y el verde refrescante de sus palmeras y jardines. Contribuye a su riqueza el azul cristalino de las aguas que llegan por los antiguos canales a la Menara.

El color dorado de la tierra arenisca rodea la ciudad y la asemeja a un oasis en el desierto de esa planície inmensa a los pies del Atlas. Durante un tiempo, el blanco de la nieve de las montañas aparece en el horizonte al final de las avenidas.

El sol arrecia. El ruido de los claxons y las motos circulando por sus calles en medio de tanta actividad te recuerdan constantemente que la ciudad vibra, ecléctica, exultante. El canto de los muecines como en todas las ciudades del Islam le da ese aire sagrado por unos momentos. La música de la Plaza Djema El Fnaa y el bullicio de las gentes en los zocos te transporta a otro tiempo.

Los modernos locales nocturnos son la diversión del baile en el cuento de las mil y una noches. El lujo y glamour de sus hoteles y restaurantes más exquisitos, el arte de sus museos, la comodidad y el encanto de sus riads… la hacen de lo más acogedora y cálida.

Marrakech es una puerta entre dos mundos que se combinan constantemente para sublimarse como destino perfecto. Pero no solo es esto, es la antesala o el broche final al viaje de los sueños al sur de Marruecos…

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